¡Que alegría me dio de nuevo ver el santuario! Tuvimos la oportunidad de acceder a espacios únicos: la torre del santuario, la sacristía, la capilla superior del Cristo de bronce, la antigua ermita… incluso conocimos a la señora que toca el órgano… ¡espectacular!
Pero lo realmente importante del viaje es estar cerca de La Virgen, por simple acción de gracias o por una intención personal.
Nuestro regreso fue con puntualidad alemana, a las 21:30 del 28 de marzo, tal como pronosticó Camilo.
Por último mandar un abrazo a Pedro Andrés Vázquez, padre del colegio que nos dejó la furgoneta para el viaje. Espero que te recuperes pronto.
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